Una vida en mi vida

Dejo la maleta, desordenada, encima de mi cama. Me tumbo al lado de ella –ni siquiera hago amago de vaciarla- y pienso. Y pensando, me doy cuenta.

Al final, después de todo, sólo queda la nostalgia. Nostalgia de esa vida dentro de tu vida, que ya ha pasado. Nostalgia de saber que, en otro lado del mundo hay otra gente, otra ciudad, otra rutina. Otro amor. Sólo queda la nostalgia de saber que esa posible vida también podría ser tuya y que, durante un fugaz destello de tu gran película, te había pertenecido.

 

Cada vez que viajo, vivo una vida. Quizá esa vida no estuviera pensada para mí. Quizá me esté colando en la película de otra persona sólo para poder experimentar lo que se siente ser otro actor. Pero todo lo que rodea ese tráiler de lo que es vivir (amistades, amores, lugares, vivencias, ideas) es puro, intenso, fugaz. Sé que dura lo que va a durar, que tiene un comienzo y un final y que no hay nada que pueda hacer para evitarlo.

Por eso vuelvo a casa y no sé cómo vivir mi anterior vida. Porque el actor ha cambiado y no sabe en qué película está ya. Porque todo lo que vas representando se queda contigo, y te arrastra hacia una función que ya ha pasado y que no volverá a estrenarse nunca más.

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